Empezando conmigo mismo: reconociendo mis prejuicios

Es natural que los seres humanos notemos las diferencias que tenemos con los demás; de hecho, nuestra identidad muchas veces se basa en las diferencias y similitudes que creemos que tenemos con otras personas o grupos, por ejemplo, soy menos expresivo que X persona, me gusta la misma música que a este grupo de compañeros, etc. Sin embargo, cuando no se manejan adecuadamente las diferencias que tenemos con los demás, y no respetamos la diversidad, aparecen la discriminación y el prejuicio.

La investigación acerca de cómo se desarrollan la discriminación y el prejuicio ha llevado a identificar varios factores que nos ayudan a entender estos fenómenos: las relaciones entre grupos, por ejemplo la presión de amigos; las experiencias personales, como la interacción que se tuvo en el pasado con personas de otro grupo; y los mensajes que recibimos de nuestros cuidadores. Como personas que tenemos a cargo niños, niñas y adolescentes, es importante que nos preguntemos si enviamos mensajes erróneos sobre los demás, incluso sin darnos cuenta.

Si bien la mayoría de personas nos negaríamos a decir que discriminamos o rechazamos a los demás, existen ciertos comportamientos que podemos tener, incluso sin querer, y que los niños, niñas y adolescentes están absorbiendo como esponjas. Los investigadores han llamado a estos comportamientos microagresiones. Pregúntese si usted:

  • Sin conocerlo piensa que alguien se comportará de una forma particular, basándose solamente en su procedencia, orientación sexual, afiliación política o religiosa, características físicas, etnia, entre otros.
  • Generaliza frases como “Todos los bogotanos son groseros” y usa el lenguaje de una forma despectiva para quejarse de los demás u ofenderlos: “Indio tenía que ser”, “parece gay”.
  • Refuerza roles tradicionales de género. Por ejemplo, deja que las niñas siempre hablen primero –“primero las damas”-, regaña a los niños si juegan con muñecas o a las niñas si juegan con carros y/o dice, “los hombres no lloran”, “solamente las mujeres deben cuidar a los hijos”, “es el hombre quien debe preguntar a la mujer si quiere ser su novia/esposa”.
  • Evita hablar, interactuar o compartir espacios con personas que pertenecen a grupos diferentes al suyo.
  • Se expresa con pesar o lástima sobre personas que pertenecen a minorías y/o las trata como si fueran incapaces o inferiores sin darse cuenta, diciendo cosas como, “ningún discapacitado puede trabajar”, “pobrecitos los indígenas que no saben sumar ni restar”.
  • Se ríe o se queda callado frente a burlas o agresiones que presencia en contra de grupos tradicionalmente excluidos. O las hace usted.

Es muy probable que después de leer estas preguntas, usted como la mayoría de seres humanos, se dé cuenta que al menos una vez ha caído en estos comportamientos, aún sin tener la intención de hacer daño. Le recomendamos que tenga en cuenta las sugerencias que presentamos a continuación, no solo para los niños, niñas y adolescentes que tiene a cargo, sino para usted mismo.