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La participación nos permite ser agentes de cambio. Si enseñamos a los niños, niñas y adolescentes cómo involucrarse activamente como ciudadanos, es decir que ejerzan sus derechos y deberes, estamos construyendo a futuro un país donde cada persona es responsable de generar cambios sociales para beneficio de sí mismo y de los demás.

Aprender a participar les permitirá a los niños, niñas y adolescentes interiorizar una idea fundamental para la construcción de paz: que todos los ciudadanos contamos con derechos para participar en la formación, ejercicio, y poder político del país, y que hay acciones específicas que niños, niñas y adolescentes pueden hacer para ejercerlos de forma plena. A futuro, ellos se sentirán más capaces de utilizar los mecanismos que la Constitución ha puesto a su disposición para lograrlo.

Al cultivar en niños, niñas y adolescentes diferentes comportamientos y actitudes en torno a la participación en el hogar y la comunidad, es más probable que ellos, más adelante, puedan extenderlos a otros ámbitos de nivel nacional. Al enseñarles a participar, se espera que promuevan cambios de formas no-violentas, hagan seguimiento de las acciones de quienes los representan, rechacen las prácticas de corrupción y defiendan activamente sus derechos y los de los demás. Todas estas acciones contribuyen a la construcción de paz y requieren habilidades que pueden desarrollarse desde la infancia.