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La participación ciudadana implica reconocer a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho, que cuentan con capacidades para decidir sobre su proyecto de vida de forma libre y autónoma. Este derecho les permitirá, a futuro, ser activos en el disfrute y garantía de otros derechos, lo cual los impactarán en lo personal y lo colectivo.

Patricia y sus compañeros de clase son ciudadanos participativos porque han aprovechado los mecanismos y oportunidades que el Estado colombiano les ofrece, para influir en la construcción de su realidad. Gracias a sus padres, maestros y a otros agentes educativos han aprendido a transformar su contexto social para beneficiar a su grupo. En eso consiste la participación ciudadana: en influir en las decisiones con el fin de lograr un cambio. Dicha participación debe ser informada y voluntaria.

La participación puede tener diferentes niveles. Manipulación, utilizar a los niños para comunicar mensajes políticos sin tener en cuenta que los desconocen; decoración, hacer que los niños asistan a eventos supuestamente democráticos mediante incentivos pero sin una participación real; y participación simbólica, aparentemente pueden expresar su punto de vista pero no tienen incidencia sobre ninguna decisión, son situaciones que hacen referencia a instancias en las que NO hay participación real por parte de niños, niñas y adolescentes.

La participación real y verdadera se da en peldaños más altos que van desde cumplir solamente el derecho a ser informados de las decisiones hasta ser ellos mismos quienes por su voluntad e iniciativa propia se apoderan de su derecho a participar.

Padres, madres y agentes educativos deben esforzarse por incluir un enfoque diferencial en la promoción de la participación en los niños, niñas y adolescentes que tienen a su cargo. Es decir, que deben reconocer las diferencias por razones de etnia, sexo, identidad de género, ciclo vital y/o discapacidad, para poder garantizar sus derechos de la forma más adecuada.

Si no preparamos a los futuros ciudadanos para participar activamente en la sociedad, corremos el peligro de generar un mundo de jóvenes que no esté preparado para buscar mecanismos legales que les permitan ejercer sus derechos.