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El perdón y la reconciliación son temas de mucha relevancia para los países en general y para los colombianos en particular. Hemos anhelado el final del conflicto armado por varias décadas y solo recientemente hemos visto las primeras semillas en el proceso de paz. Como ciudadanos, en este momento coyuntural estaremos oyendo estas palabras perdón y reconciliación de manera frecuente. Por esta razón,  somos los padres, madres y cuidadores de los niños, niñas y adolescentes quienes estamos llamados a ayudar a nuestros hijos a ver situaciones como las que hemos descrito como como oportunidades de aprendizaje.

Sin embargo, a pesar de que comprendemos la relevancia que tienen estos temas para la realidad de nuestro país, sabemos que la paz es más que firmar un acuerdo. Sabemos que la paz se construye empezando por nosotros mismos (en nuestros hogares con nuestras familias, nuestros compañeros de escuela o de trabajo, nuestros amigos y otros ciudadanos). Cuando desarrollamos la capacidad de perdonar, e incluso de reconciliarnos, estamos reconociendo que cometer errores y tener conflictos es parte inevitable de quienes somos y que no hay nada malo en ello. Perdonar no solo implica la posibilidad de arreglar y reparar una relación y llegar a una convivencia pacífica, sino de reducir el riesgo de todas las acciones negativas, agresivas o incluso violentas que pueden resultar de los deseos de venganza o retaliación.