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Aprender a resolver conflictos de manera pacífica es indudablemente uno de los pilares fundamentales en la construcción de paz, ya que esta habilidad es esencial en todas las esferas de nuestras vidas: con nuestra familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o escuela, con otros ciudadanos y miembros de nuestra comunidad, con nuestra ciudad y nuestro querido país. Cuando los conflictos se resuelven de tal forma que ambas partes salen beneficiadas, no sólo hay la posibilidad que la relación se fortalezca, sino de prevenir que estos conflictos escalen y se generen desenlaces violentos. Por eso la educación en maneras constructivas y pacíficas de resolver conflictos tiene un valor incalculable en contribuir a la construcción de paz.

Educar pequeños ciudadanos que tengan la capacidad de convivir con los demás de manera pacífica y construyendo acuerdos (sabiendo que esta convivencia no necesariamente implica una armonía perfecta libre de conflictos), debe ser uno de los principales objetivos como padres o agentes cuidadores de los niños de nuestro país. Así estos pequeños ciudadanos crecerán entendiendo que no siempre es posible conseguir lo que se quiere de la forma en que se quiere, o que hay que renunciar a lo que quieren por miedo a las consecuencias, sino que existe la posibilidad de llegar acuerdos no violentos, donde todos ganan.